¢αyєяση lαs єsтяєllαs sσвяє мí

Tumbado sobre mi cama reflexionaba sobre mi soledad. Cuando de pronto una brisa fresca entró por mi ventana poniéndome la piel de gallina. Y vi de pronto que sobre mi cabeza se precipitaban pequeños objetos que conforme descendían y selloviendo estrellas acercaban a mí más grandes se volvían. ¡Eran estrellas! Estaban lloviendo estrellas, pero no de una forma deliciosa y fina, sino cayendo sobre mi cabeza golpeándome con saña.

Lo único que me pregunté fue: ¿Qué le he hecho al cielo para que caigan estrellas sobre mí?

No hubo respuesta, solo unos buenos chichones en mi frente. Sin embargo, olvidé el reflexionar sobre mi soledad. Dichosas estrellas…

Cosas de cama

Me encanta deshacer camas, luego hacerlas es otro cantar, como por ejemplo, la de mi habitación, empotrada contra la pared, tengo el cabecero pegado a la otra pared y los pies contra un armario, con lo cual, remeter todas las sábanas en su sitio es una proeza, sin embargo, es un esfuerzo totalmente necesario ya que para tener placidez en mi sueño necesito que todo esté completamente en su sitio, esa es mi manía confesable en la cama, la otra….ya sabes… inconfesable.

 

Tirarte sobre una cama en verano, caer sobre las finas sábanas que te hacen cosquillas por todas partes al dormir desnudo es un placer indescriptible. Leí hace tiempo un artículo que describía las ventajas de dormir desnudo, además de ser cómodo y eficaz (entiéndase entre líneas), aporta unos grados de autoestima al sentirte sexy durmiendo tal y como fuiste traído al mundo. A mí me encanta, qué queréis que os diga.

 

En cambio, en invierno, si no siento el peso de sabana, mantas y edredones encima, me siento raro, es por ello que me costó acostumbrarme a dormir con nórdico, algo que pesa poco y calienta mucho… se me hacía extraño estar templado y no enlatado.

 

El cambio de sábanas es algo que no controlo ni planifico, cuando mis sabanas me dan los buenos días es cuando decido que “un agua” no les viene mal.

 

Duermo con calcetines, sí, lo sé, es incómodo incluso para mí, pero más incómodo es dormir sin ellos y sentir el pantalón del pijama por la rodilla, es algo que no soporto, me pone muy nervioso y me incomoda, así que para evitar esa situación, utilizo los calcetines como pinzas de la ropa para mantener el pantalón en su sitio.

Hablando de cosas que me incomodan, los mosquitos. Aparte de comerme vivo si me descuido, el ruido en mi oreja, ese zumbido pequeño me altera como si hubiese encontrado una cabeza de caballo en mi cama (guiño cinematográfico). Siento que tiene su arma bien afilada y está dispuesto a usarla para convertirse en mi “hermano de sangre”, tardo poco en lanzarme a su destrucción, aunque me cuesta calmarme después, sigue latente en mí una manía persecutoria de su fantasma.

 

En fin, cosas de cama.

Senos, cosenos y casi la tangente

Siempre recordaré aquel verano en el que me enamoré de mi vecina María. La playa era un lugar maravilloso para enamorarse antes de que la tecnología nos invadiera como una plaga, eliminando el misterio, las relaciones sociales y la vida fuera de ellas. Ver la orilla sin necesidad de subir una foto a una red social para que todos vean en dónde estás, lo que estás haciendo y te inflen el ego a base de “me gustas” y comentarios super divinos.

 

Aquel verano mi padre nadaba a crol (o lo intentaba) antes de desayunar, me decía que le abría el apetito y que yo debía intentarlo si quería convertirme en un hombre, al parecer aprobar lo justito en el colegio no era suficiente para ello mientras hacía frente a dos abusones que me la tenían jurada recreo sí y recreo también desde la primaria. Ante sus madrugones, yo prefería sacar a Toby, nuestro caniche a pasear por el pueblo costero donde habíamos alquilado una casa durante todo un mes. El agosto del amor (como yo lo defino) no empezó muy diferente a los anteriores ni a los posteriores, pero sí hubo algo que cambió (y no solo hablo de la peseta al euro): conocí a una chica, la primera chica a la que pude verle los senos, los cosenos y casi la tangente o como yo lo llamo coitus interruptus. Mi sutileza se fue al traste cuando mi corazón comenzó a salírseme del pecho, y no fue lo único que casi se sale de su sitio al verla salir del agua fría del mar (no preguntéis cómo sabía la temperatura del agua sin haberme metido en ella, me lo chivó María sin querer con su bañador). Compartimos un libro, una toalla, una conversación y la promesa de volver a vernos por la tarde. Ese día el viudo de mi padre no comprendía el poco apetito que yo sentía. El resto de mi estómago estaba lleno de “Mari”-posas.

 

Besos, caricias, descubrimientos, casi sexo y unos pantalones manchados (los míos) no fue todo lo que saqué de aquel verano, me llevé para casa un corazón roto, el primero de muchos. No puedo ver “The Mummy 3” sin acordarme de ella y de aquellos momentos en el cine en el que intenté meterle mano pero ella se sentía sumamente atraída por Brendan Fraiser, el actor protagonista. No he vuelto a ver ninguna peli de él (y no lo tengo difícil porque no es un actor que despunte).

 

Mi perro Toby dejó preñadas a cinco perras de la zona, lo supimos cuando volvimos al año siguiente, el gachón no perdió el tiempo. Mi padre hizo lo propio con una viuda de la calle de abajo a la que frecuentaba para ver la tele por la tarde (ya…claro).

Respecto a mí no hay mucho que contar, aparte de la beca que conseguí al año siguiente estudiando como nunca para olvidar a mi Mari, creo que no le gustó el sur para veranear pues no la volví a ver.

 

Por eso odio a las momias, los bañadores (prefiero bikinis) y las matemáticas (Senos, cosenos y casi la tangente).

y sє мє єяιzó lα ριєl

E

l frescor de estas noches de septiembre cae sobre nosotros haciéndonos conscientes de que el verano ya terminó. De que nuestro romance veraniego tocó a su fin, y aun así, te sigo teniendo junto a mí, compartiendo baranda, que tiene unas vistas preciosas hacia el futuro de nuestro jardín. Y se me erizó la piel cuando torpemente te apoyaste sobre la baranda para asomarte a la noche, se me erizó al sentir el frescor de tu piel en esa fresca noche de septiembre. Tu piel tan suave, tan distinta a la mía… mi pensamiento devora la idea de abrazarte fuertemente mientras mis ojos hacen lo mismo con tus labios.

Y se me erizó la piel cuando me sonreíste dulcemente sin saber que pensaba amarrarte a mi cama y hacerte el amor hasta que el sudor de nuestros cuerpos repeliese nuestro contacto.

Y se me erizó la piel al descubrirme enamorado de ti, simplemente, se me erizó la piel.

Se me erizó la piel

ρσя єи¢ιмα ∂є тσ∂σ

Te quiero por encima de todo. Cuando se ama se hace con todas las consecuencias, así que no puedo amar solo una parte de ti, sino todo lo que eres y tienes: tus cualidades, tu sabor, tu textura, tu compañía y tus vitaminas, eres quien me cuida cuando me pongo enfermo, estás conmigo en cada sol de verano y compartes mis labios humedecidos por ti, eres la rubia que más me pone, y encima estás a 0,89€ en el LIDL!!!”

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