νιsтσ ∂єs∂є αвαנσ

Salió a la calle con deseo de comérsela; u orinar en las esquinas; tirando fuertemente de la correa que sostenía su apesadumbrada dueña. Aquello olía delicioso, y aquello otro también. Le fascinaba lo que percibía al atravesar las gruesas puertas de la casa. Muchos bichos que oler, muchas hectáreas que correr, olores nuevos y conocidos. Qué maravillosa era la vida, aquel sol calentaba su cuerpito y le otorgaba vitalidad para danzar al vaivén de los coletazos de su cola. Pero le estaba costando, más que de costumbre, poder avanzar, al parecer hoy su dueña se sentía floja, o cansada, podría ser. 

No habría debido dormir demasiado, porque se había levantado varias veces en la noche para beber agua de su bebedero y había contemplado la luz encendida del dormitorio de la chica. Una de esas veces había entrado en la habitación olisqueando los restos de comida que estaban en el suelo, aquello era néctar, con un poco de suerte podría encontrar una miga lo suficientemente grande como para lamerla, hacía un bien común, funcionaba de aspiradora para el suelo de su dueña. La oyó llamarlo y agitó lentamente la cola mientras se acercaba a la cama, esperó pacientemente a que unas enormes manos lo cogieran y lo subieran arriba, la cama era demasiado alta y estaba cansado como para tener que intentar saltar sobre ella varias veces, solía esperar a que lo alzaran cada vez con más frecuencia, y siempre lo subían sin tener que molestarse demasiado. Ellos eran muy grandes, él tan pequeño… no suponía esfuerzo sostenerlo en brazos.

Olisqueó el regazo de la muchacha en busca de más migas, interrumpió su ardua tarea cuando la muchacha lo cogió en brazos y lo alzó a la altura de los ojos.

Qué raro le pareció aquello ¿qué le pasaba a sus ojos? ¿Antes eran así? No los recordaba como tal, no de esa forma, olía raro, como a mar, a sal, sintió deseos de lamerla, y lo hubiera hecho si no lo hubiera apartado de su rostro a tiempo. Le dijo algo, sí, muchas veces lo hacía toda la familia, movían ese agujero de su cara y emitían sonidos que no eran ladridos, cualquiera entendería qué pretendían decirle al pobre yorkshite, pero su voz no sonaba como siempre, sonaba… no sabría decirlo, pero percibía que algo no iba bien. Se dispuso a hacer algo que siempre lo animaba a él cuando las cosas no iban bien, empezó a correr sobre sus piernas y a mover la cola, quizás jugar con él le haría sentir mejor, al menos, era lo que a él le funcionaba, pero no duró demasiado, lo bajó con prontitud, y regresó a su canasto, se durmió contemplando la luz de la habitación.

Sí, quizás fuese eso, estaba cansada, dejó de tirar, al menos durante un rato, lo que tardara en orinar sobre un montón de hojas, su lugar favorito, era bonito, limpio, olía bien, sólo olía a él.

¡Un palo! Corrió hacía él pensando en jugar como habían hecho tantas y tantas veces, pero la correa cortó estrepitosamente su carrera, chilló, fue corto, no de dolor, sino de miedo, no se esperaba aquello. Se giró enseguida para ver a su dueña y pedir disculpas por algo que había hecho mal aunque no entendió el qué.

Estaba en el suelo ¡yuju! Podía subirse a su regazo y jugar con ella en mitad de la calle, corrió hacia ella. Pero ¿y sus manos? ¿Dónde estaban las manos que lo acariciaban? Se tapaba con ellas los ojos, hoy los tenía igual que ayer, raros, diferentes, no parecía su cara de siempre, la reconocía por su inconfundible olor, aquel que emanaba su suave y morena piel pero no parecía ella aunque oliese como tal.

¿Por qué se tapaba los ojos? ¿Por qué? ¿Sería un juego? Saltó y lamió las palmas para avanzar en el juego, pero ella no se movió. Se quedó quieto, ella no estaba bien, era muy rara su forma de actuar. Ladró con fuerza, llamándola. No sabía hacerlo de otra forma, era el ladrido especial de “¡Eih, Sonia, estoy aquí”.

Tras unos instantes retiró los dedos de los ojos enrojecidos y soltó una risita entre su llanto, a Sonia le hacía gracia la forma en la que Georgo la estaba mirando, lo cogió y lo apretó contra su cara, después lo abrazó contra su pecho, aquello la reconfortaba y la hacía sentir mejor.

-Gracias, enano, ains, si pudieras entenderme… pero sólo eres un perro, un perrito muy mono.

Se puso en pie y lo incitó a la marcha.

Sí, soy SOLO un perro pero es que los humanos son demasiado complicados, con lo fácil que es jugar con un palo. ¡Un palo!”.

Y corrió para jugar con Sonia, aquello la haría sentir mejor, con él funcionaba cuando las cosas no iban bien ¿por qué no podría funcionar con ella también?

2013-08-30 10.32.18

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