νє¢ιησs (ρυєятα ¢ση ρυєятα) – ραятє ι

H

ace muchos años yo era un niñito con dientes de conejo, enormes mofletes, pelo graso y piel aún más grasa convirtiendo mi cara en un cuadro, ojeroso y de blanquecina tez, inseguro y muy tímido. Tengo la esperanza de que en estos 15 años aproximadamente haya cambiado algo en mí, por lo pronto, en lo que respecta a la inseguridad y timidez.

Desaparecieron con el paso de los años. Supongo que el vago recuerdo que puede tener él de mí será de aquella
época, pues no hemos vuelto a coincidir desde entonces, de hecho, hace quince años quizás cruzamos un par de frases, en honor a la verdad, él debió de decirlas, yo permanecí callado seguramente. Estoy hablando, como bien pensáis, de mi vecino. Un muchacho muy alto, el menor de cuatro hermanos. Hace quince años me hice muy amigo de mi vecina de abajo y paraba en su casa cada dos por tres para jugar o realizar diferentes planes, ella es la menor de tres. Su hermano mediano era muy amigo del vecino de al lado, efectivamente “el vecino”, con lo cual podríamos reunirnos en su casa una buena camada de hormonas. Recuerdo que él era mayor que yo, pues tenía más o menos la edad del hermano mediano de mi amiga y ésta ya era siquiera un par de años mayor que yo… osease, el chaval tendría unos cuatro años más que yo. Mi hermana mayor siempre sintió aprecio por ese muchacho, lo recordaba con cariño ya que ella es de la misma edad que su hermano mayor, sí, mi hermana y yo nos llevamos muchos años, y durante este tiempo ha preguntado por él cuando se encontraba con sus padres, mis vecinos. La cuestión es que hace un par de años, no recuerdo cómo surgió en la conversación este vecino, del que yo apenas recuerdo su enorme sonrisa y su imberbe cara aparte de un acento muy alejado al deje granadino. Decidí opinar que me, sabiendo lo que sé ahora, ese muchacho me parecía gay. Mi hermana me dio la razón con vaguedad. Mi padre en cambio puso el grito en el cielo.
Si estaba casado, como el resto de los hermanos. Yo no añadí nada más del tema. Se quedó en una simple anécdota…hasta hace un par de días. En una famosa aplicación, apareció muy cerca de mí un bombonazo en blanco y negro. Tras leer su perfil en inglés, me convencí para iniciar conversación en inglés también, consideré que sería extranjero de vacaciones como tantos otros.

Cuál fue mi sorpresa cuando su respuesta fue: “Hola vecino.”

A lo cual yo palidecí (más, sí, más). Mis neuronas intentaron hacer sinapsis pero me encontraba fuera de juego por esos preciosos labios.

Has crecido mucho” fue lo que añadió.

vecinosEso me daba unos datos fijos: Me conocía seguro, me recordaba. Si bien es cierto, mi cara no ha cambiado mucho, siempre he tenido la misma cara desde bebé, fácilmente reconocible, quizás se ha afilado con el tiempo y desapareció el acné, ¡ah! y cuido un poco más mi peinado. Me reconoció y yo no sabía quién era él.

Algo es cierto: tengo un instinto muy desarrollado y en la mente se me empezó a formar una ligera sospecha, pero no quería dejarme llevar aún por mi sexto sentido, así que hice una captura de la foto de perfil y se la envié a mi hermana, ella no parecía reconocerlo hasta que le comenté mis sospechas.

Continuamos hablando a cuentagotas (cuentagotas él, yo seguía pegado al móvil intentando descifrar su identidad) comprobé que se encontraba a unos metros de mí, con lo cual las piezas de mi puzle iban encajando. Me preguntó mi nombre, que no lo recordaba, y con razón, y al darme el suyo todo encajó. Era él, era “mi vecino”, aun siendo yo un adolescente que no tenía idea del mundo, mis ojos de loca no se equivocaban, ese muchacho cojeaba de la misma pierna que yo.

¿Recordáis la timidez de mi adolescencia? Pues al quedar obsoleta le eché cara al asunto y le pregunté si le parecía raro que le invitara salir a cenar una noche, teniendo en cuenta que solo iba a quedarse una semana de vacaciones ya que volvería a abandonar el país para volver al trabajo. Me sorprendió respondiendo que estaría encantado. Con lo cual quedamos en un par de días que era cuando tenía libre, osea, hoy.

Estoy a media hora de quedar con “mi vecino”, un vecino hiper mega buenorro que recuerda al niñato que fui hace quince años.

El desenlace de esta curiosa historia próximamente.

Con vuestro permiso me dispongo a disfrutar de una buena cena en buena compañía.

¡Deseadme suerte!

єη¢υєηтяσ ιηєsρєяα∂σ

Esto ocurrió semanas atrás, cuando volvía de un viaje de negocios a una ciudad vecina, escogí el Blablacar como método de transporte. Un conductor muy amable nos condujo a mí y a un italiano de vuelta a mi ciudad natal. Mi consciencia me hizo acompañar al muchacho hasta su destino, ubicado en la estación de autobuses. La historia de este muchacho era la siguiente: El año anterior había vivido un erasmus en mi ciudad y allí se había ennoviado de una linda andaluza. Pero desde donde nos dejó el amable conductor hasta el lugar determinado para ver a su amada distaba muchos kilómetros, con lo cual decidí montar en el bus con él e indicarle la parada apropiada, la mía era antes. Pero en el trascurso del viaje pensé en lo poco que me esperaba esa tarde y decidí conducirlo hasta el mismo lugar, para que no hubiese pérdida alguna. Estuvimos hablando animadamente en el autobús y atrajimos la mirada de curiosos y extraños a los que yo no les di mayor importancia que la de un simple vistazo. Tras dejarlo en la estación de autobuses subí hacia casa, tras la ducha observé que en una aplicación de mi móvil aparecía un mensaje, al parecer, de un pasajero del autobús que habíamos compartido. No recuerdo exactamente cuál fue su mensaje pero venía siendo a que se sintió atraído hacia mí y decidió probar suerte para ver si me encontraba vía internet. Así lo hizo, yo lo recordaba vagamente, no habría reparado en él más de un segundo, el italiano me tenía muy entretenido con su charla. Le propuse tapear por la zona y volver a vernos (volver para él, refrescar la memoria para mí). Vivíamos muy cerca, con lo cual no pasó mucho rato hasta que nos encontramos y pude reconocerlo (su foto de perfil distaba un tanto de la realidad). Tapeamos, charlamos, nos besamos, y acabé entre sus sábanas. La madrugada me ocultó de los ojos ajenos y llegué a casa de madrugada tras un sabor de helado de mora en los labios. Recostado en cama pensé lo inesperado que había sido aquel encuentro. Alguien que te ve en un autobús, le gustas, te busca por la red, te encuentra, quedáis, tapeáis, etc.
Son cosas de la vida que suceden de esa forma. Bus. MilánBien podría relatarlo cual comedia, cual romance, cual… qué más da,
tal y como se cuente… la realidad siempre supera a la ficción, esa noche me quedó claro.

Si os preguntáis si he vuelto a verlo, la respuesta es no.

Firmado: Anónimo.

ηυєsтяσ ρяιмєя вєsσ

D

isfruté de ese beso, el primero que nos dimos, aquel beso por el que me dejé llevar aquella noche.

 

El momento no podía ser más propicio, la noche invitaba a dos amantes a besarse en aquel lugar prohibido, bajo la luz de la luna con las vistas de toda la ciudad a nuestros pies.

Aún recuerdo lo que pensé cuando me dijiste que para poder disfrutar de las mejores vistas de Granada debía atravesar un agujero en la pared en mitad de la noche, cual Alicia entrando en la madriguera, o bien saltar un enorme muro. Pensé que me tomabas el pelo hasta que vi como la oscuridad te tragaba por aquel pasadizo, y yo te seguí. Me raspé las rodillas pero después no me importó. Atravesamos un camino lleno de maleza de apenas 5 metros hasta alcanzar un peElviraqueño torreón semi-destruido (y cerrado al público).

Me senté en el borde del mirador y contemplé las vistas que me ofrecías, el arco de Elvira desde una posición envidiable, el resto de la ciudad a mis pies y el blanco albaicín a un lado cual grada observando el espectáculo que éramos tú y yo. Aquella noche te di nuestro primer beso, y aún siento tu sabor y tacto en mis labios. Me abrazaste con fuerza y perdí la noción del tiempo. Tuve que separarme de ti en un par de ocasiones porque la pasión nos podía conducir demasiado lejos, pasión que me arrastró a descubrir la suavidad de sus sábanas durante el alba.


Con aquel beso me enamoré de ti.

Con aquellas vistas deseé estar a tu lado.

Con aquella noche supe que te seguiría donde quiera que me llevaras.

Desde ese momento me has mostrado mil y un lugares de eterna belleza envueltos en momentos dulces y memorables, pero esa es otra historia…

Más celo (Capítulo 2)

Celo (Capítulo 1)

 

íctor alzo la vista y vio salir de la empresa a Miguel cogiendo la llamada de su móvil.

Se miraron. Solo vaho, un metro de distancia y respiraciones agitadas. Comenzó a llover de nuevo.

 

Miguel guardó el móvil en su bolsillo sin despegar la mirada de Víctor. Éste le hizo un ademán con la cabeza para que lo siguiera, si continuaban mucho tiempo allí podrían levantar sospechas, y todos sabemos el daño que pueden hacer los rumores de oficina, aparte que estar empapados como sopa llamando a gritos al catarro no era un plan que les volvía locos.

Corrieron a cierta distancia el uno del otro hasta que Víctor abrió el coche y ambos se introdujeron en su interior. Cerraron la puerta y se deshicieron de sus gabardinas empapadas.

Víctor miró de refilón a su copiloto, el flequillo húmedo caía pegado sobre su frente dejando unos surcos de gotas de lluvia que recorrían el perfil de su rostro, aquel rubio ceniza se había oscurecido por la lluvia y le daba un aspecto más serio, marcando más duramente sus facciones.

Miguel se esforzaba en mantener la mirada en el frente, con el ceño fruncido intentaba controlar la agitada respiración a causa de la carrera.

El conductor metió la llave en el contacto y encendió la calefacción, hacia bastante frío y la sensación térmica tras el chaparrón lo acrecentaba.

No te preocupes, en un periquete entraremos en calor. —susurró Víctor intentando romper el hielo. Justo al terminar su frase se dio cuenta de que podía malinterpretarse completamente, intentó aclarar su intención pero vio que Miguel seguía con la mirada perdida en el horizonte desdibujado por la lluvia, la niebla y la creciente oscuridad.

Sin saber muy bien qué hacer ni qué decir, se desabrochó los puños de la camisa que estaban mojados y colocó las muñecas sobre los ventiladores del coche para que se secara con prontitud.

Nunca había hecho algo así. –susurró Miguel sin moverse un ápice. Su voz denotaba nerviosismo y duda, la voz parecía quebrársele.

Ya… ni yo.

No lo entiendes, ni siquiera de niño, ni de adolescente, ni en la loca época de la universidad donde todo se prueba.

Yo tengo novia, nunca me había fijado en un tío, ni una sola vez. Pero no sé, siempre he sentido que… como que tenía algo más dentro ¿sabes? Algo a lo que no dejaba salir, algo que intuía pero que no quería saber qué era ni dejar salir. No sé si tiene todo esto algún sentido.

¿Tienes novia?

Laura y yo llevamos juntos… ya ni puedo recordar, supongo que desde siempre. Fue mi primera y única novia.

¿Y cómo os va? –se giró para mirar a Víctor a la cara por primera vez desde que había entrado en el coche.

¿Te importa si no hablamos de Laura ahora? Es un poco… bastante incomodo, la verdad.

Lo siento. –se disculpó y volvió a mirar al frente.

Víctor se quedó mirando al muchacho que parecía desconcertado, nervioso y bastante confuso.

Él no estaba mejor, no sabía que pensar de todo aquello ni que decir, así que de pronto, desconectó el cerebro y se dejó llevar.

Se dejó llevar cuando se acercó a Miguel, dejó de pensar racionalmente cuando le cogió la barbilla y se olvidó del mundo cuando lo besó. Enseguida Miguel se le echó encima con pasión y lo abrazó fuertemente mientras frotaban sus labios y lenguas en un baile que nunca habían realizado juntos pero aprendieron a coordinar sus pasos para no pisarse. Miguel se destensó y decidió comerse a Víctor a besos. Las caricias recorrían su cuerpo, se acariciaban los brazos y el pecho sin control. Miguel apretaba el cuello de Víctor atrayéndolo hacia sí.

Ninguno de los dos supo en qué momento ni quién inició el despelote. Pero las camisas fueron arrancadas de cuajo mostrando una camiseta interior empapada, pero no de lluvia, sino del sudor que provocaba la excitación y el nerviosismo.

Sin salir de coche acabaron en la parte de atrás tras una difícil maniobra. Se deseaban mucho, sus bocas les dolían y las erecciones de su pantalón eran insoportables tras el frote continuo entre ellos.

Miguel se deshizo del cinturón de Víctor y atacó a la cremallera.

En ese momento Víctor volvió en sí y colocó la mano para que parase, dejó de besarle para que se percatase del movimiento.

¿Qué ocurre?

A partir de ahora no habrá marcha atrás.

Lo sé… —susurró Miguel confuso y tímido.

Te parecerá una gilipollez, pero me da miedo dar este paso.

La confesión de Víctor arrancó una sonrisa a Miguel.

Yo estoy acojonado perdido.

Los dos se miraron y sonrieron con una sonrisa cómplice que delataba que ambos se sentían exactamente igual.

Miguel se sentó y se pasó las manos por nacimiento del pelo, momento que aprovechó Víctor para saltar encima de él pillándolo desprevenido. Ahora fue éste el que se hizo con el cinturón del muchacho y bajó la cremallera sin tan siquiera desabrochar el botón del pantalón, era la primera vez que sentía un erección que no era la suya, metió la mano por la ropa interior y se hizo con aquello, duro y caliente, liso y… de Miguel, en resumidas cuentas.

Más besos, frotes, lamidas, lenguas y movimientos bruscos hicieron tambalear un par de veces el coche que se iba sumergiendo entre la suave nieve que había empezado a caer. La intimidad está completa con el vaho absoluto en las ventanas. El calor que emanaba de sus cuerpos era suficiente calefacción para ellos, los únicos que estaban realmente calientes en la calle en toda Granada.

 

Abrazados permanecían descansando un rato, disfrutando de la placida sensación de libertad cuando el móvil de Víctor comenzó a sonar.

Supo enseguida de quién era la llamada y antes de descolgar buscó la hora en el coche para cerciorarse de lo tarde que era.

Miguel leyó el nombre en la pantalla y le dejó espacio (figurado y literal) para que atendiera la llamada.

Hola cariño. –alzó la voz. –No, no, estoy fuera, que dentro es imposible hablar…. Es por el frío, estoy helado. Con esta nevada la sierra va a estar genial si quieres que vayamos a esquiar el finde que viene…. Aún no lo he visto… ya, es que hay mucha gente… pues no sé, un rato todavía. Tú ya estás en casa ¿no? … Claro, claro, es que no sabía qué hora era. Tú vete a la cama, yo no tardaré mucho… y yo. Hasta luego… adiós.

 

Poca conversación hubo tras la llamada. Víctor dejó a Miguel en su casa tras las indicaciones del segundo y se marchó con Laura.

Mientras entraba en el piso, la culpabilidad azotaba su cabeza como una jaqueca profunda y puñetera. ¿Cómo haría para no desvelar su noche?

Lo que más sentía era que aquello no había sido un simple desliz, quizás lo del cuarto de baño, pero lo del coche había sido con alevosía y no se trataba de algo esporádico. Algo había cambiado dentro de él, algo que había mantenido oculto treinta años por el miedo que le ocasionaba el intuir su verdadera naturaleza.
Se acercó al umbral de la puerta con los zapatos en la mano y de puntillas y observó como Laura dormía profundamente. Suspiró y se fue hacia la cocina, allí Candy le dio la bienvenida moviendo su rabo desde su canasto. Víctor le acarició la tripa y se acercó al frigo, no tenía apetito, era un acto automático. Su cabeza iba a cien por hora.

 

Miguel andaba ya entre las sabanas de su enorme cama, le encantaban las camas pequeñas pero desde que estuvo con su exnovia se acostumbró a dormir en una con dimensiones muy superiores a las estándar. Y aunque hacía meses que lo habían dejado, él no podía volver a una cama de 90, ya no.

Se giraba y se giraba, golpeando sus ojos con el flequillo, estaba intranquilo y no podía dormir. Durante el cuarto de hora que llevaba en cama había apagado el móvil, vuelto a encender para saber si había recibido algo de Víctor, algún mensaje o llamada, en vista de que no, lo había puesto en silencio, pero ello le hacía sacar la cabeza de debajo de las sábanas hacia la mesita para ver si brillaba con alguna notificación, así que lo último que hizo fue dejarlo en modo vibrador. Y sonaba en plan abeja brrr, brrr, brrr. Sacó la cabeza y descubrió que estaba sonando de verdad. La luz verde estaba encendida, aquello era una llamada. Se levantó de un golpe y alcanzó el móvil. Era Víctor, su corazón se paró.

¿Sí? –contestó con toda la calma que pudo.

Estoy abajo…. ¿Me abres?

Miguel se lanzó hacia su ventanal y descorrió las finas cortinas.

Víctor estaba frente a su portal, solo, en medio del silencio y la madrugada. Justo donde lo había visto despedirse en el coche con un simple “Adiós”.

Víctor, impaciente volvió a hablar.

Bueno, mejor me voy, yo… —no terminó la frase, sonó el portero y se coló cual sombra en el desconocido portal.

∂єl вlσg α lα яєαlι∂α∂

N

o sé qué día es hoy, ni qué hora es, sólo sé que me encuentro en un soleado domingo de Abril.

Ahogándome me hallaba en la asfixiante burbuja de mi vida cuando busqué la liberación a través de una actividad que llevo varios lustros sin realizar… perder en el campo.

Con motivo de una entrada que escribí recientemente en el blog, de la cual me inspiré en mi infancia, tomé la decisión de regresar a Mi Árbol (quien leyese la entrada sabrá a lo que me refiero). Sentía curiosidad por comprobar si seguiría en pie tras tantos años y obras (como construir una carretera a escasos metros de él que une un pueblo del cinturón de Granada con la capital, más concretamente, con la zona de norte de la ciudad). Dejé el móvil en  casa, cogí la mochila que llevo usando diariamente para ir al hospital y la llené con una botella de agua (es importante hidratarse), el libro que me tiene absorto, El Ocho de Katherine Neville, un ejemplar del periódico 20Minutos del viernes y, por supuesto, mi mp3. No concibo mi vida sin música. ¿Canción? Durante el camino estuve escuchando la banda sonora en español de My Fair Lady (1964), pero al terminar no dejé de escuchar… un descubrimiento que me hace llorar si la escucho con atención: Come Un Pittore / Como Un Pintor, de la banda sonora de la película basada en el libro homónimo Roja como la sangre, blanca como la nieve (Lo mejor de la película es su soundtrack). El grupo que la canta es Modà, un grupo italiano de Pop/Rock. Curiosamente, investigando sobre la canción, encontré la siguiente información: Hacia el 2012 salió a la venta un CD Single promocional con cuatro tracks. La canción con la versión del álbum, y luego la misma canción a dúo con Jarabe de palo en diferentes versiones, una versión en italiano, una versión en español y una versión italo-española, una verdadera delicia este CD pues cualquier versión es buena ya que la letra apenas cambia puesto que del italiano al español solo hay un pequeño paso.

Tenía muy claro la dirección que debía tomar, pero no estaba seguro de la ubicación exacta ya que el entorno había cambiado bastante. Tras dejar atrás unas casas de nueva construcción, me adentré en un camino sin alambrada, el único de toda la zona, me daba la bienvenida una vieja escalinata con una farola en cada descansillo. La subí hasta arriba viendo a lo lejos lo que yo creía era “Mi Árbol”, desde aquella distancia me fue difícil constatarlo.

Saludé a un par de parejas de viandantes de mediana edad que habían pensado en pasar un día en el campo con este hermoso sol como yo.

Bajé una empinada colina y me topé de lleno con un auténtico flashback. Un pequeño riachuelo separaba mi situación del monte al que debía acceder. Mi recuerdo me llevó a los nueve o diez años de edad, junto a mi hermana, dos amigos del colegio y mi tita. En aquella época el riachuelo era un rio que transportaba una importante cantidad de agua. Para cruzarlo, unas veces construíamos una especie de puente con un gran tablón, que en épocas de lluvia se lo llevaba la corriente, y en épocas de menos caudal saltábamos sobre las piedras que sobresalían a flote. Lo que me encontré fue un pequeño panel allí mismo situado, atravesé el riachuelo dando un salto sobre la madera y ascendí por pronunciada e inclinada cuesta de “El Monte Sombrero”. Al alcanzar la cima, me topé con una carretera que no había visto en mi tierna infancia. Di un pequeño rodeo buscando la forma de alcanzar Mi Árbol.

Y al fin lo vi erguido frente a mí, seguía intacto, tal cual, alto y lleno de hojas, aguantando el peso de los años, algo que me cuesta más a mí que a él. Feliz de encontrarlo me acerqué con detenimiento y acto seguido inundó mi memoria el recuerdo de nuestro escondite secreto. Tuve que volver a dar otro pequeño rodeo ya que era un poco complicado acabar bajo el árbol. Justamente sobre el lugar indicado encontré un trozo de rama un tanto enmohecida, no pude resistirme a alzarla y recitar las palabras mágicas mientras me giraba observando la silueta de mi ciudad desde tan privilegiada posición. Usé aquel palo para retirar las hojas que reposaban junto a las raíces del árbol y escarbé un poco, no demasiado. Por un lado, ardía en deseos de comprobar si nuestros tesoros seguían estando allí escondidos, pero por otro lado, no quería desencantarme si descubría que ya no estaba allí (cosa que apoyo en afirmar tras el tiempo transcurrido y las obras realizadas tan cerca del árbol). Así que cesé mi actividad y quedé satisfecho de encontrarme allí. Enseguida, realizando una panorámica de la zona, recordé que más arriba había otro árbol especial, uno  al que me encantaba trepar, no tenía unas vistas espectaculares pero a su elevada situación, pero tenía una belleza mágica. Fue una epopeya llegar a él, más carreteras y caminos nuevos dificultaron mis intenciones. La elevación del terreno tampoco me lo puso fácil, pero quien la sigue, la consigue, y terminé sentado un rato sobre él, oxigenando cuerpo y mete con un sentimiento de terror de abandonar mi asiento y tener que regresar a la dura y cruel realidad de mi casa. Bajé de allí y busqué el sol bajo el manto de hierba y flores no me lejos de la sombra del árbol. Abrí la libreta que me compré en Birmingham hace cinco años cuando me encontraba allí realizando prácticas en una escuela infantil, y me dispuse a imprimir con mi letra estas líneas, fruto de mis recientes recuerdos acontecidos “in situ”.  La libreta, aunque con poco uso, ha viajado mucho y planeo que se convierta en testigo de mis viajes. Conforme escribiría me desprendí de la sudadera y más adelante la camiseta de manga corta, dejé que el sol impactara sobre mis desnudos hombres y que el suave viento acariciara las alas de mi espalda y mi pecho.

Esto se termina y me toca regresar al agujero solitario en el que se ha convertido en vida. Quizás dé un rodeo más antes de volver a casa. ¿Quién sabe?
Aquí queda recogido mi mejor recuerdo en semanas, nuevamente vivido solo.

 

P.D.: La belleza del momento se incrementa con un rebaño de ovejas y cabras a las que suscito interés y se acercan a mí. Mejor salgo corriendo antes de que decidan lo sabrosas que pueden ser las hojas de mi libreta.

sαвι∂υяια ∂єl ¢αмρσ

Le pregunté a la gorda de Shanelle

-Primor, ¿tú lo entiendes? Porque yo no doy más de sí.

-Si está claro como el heno.

-Dirás como el agua.

-Como el heno, cohones.

-Pues o me lo explicas…

-Mira que es cortito mi dueño… -susurró para sí.

Yo suspiré y esperé a que de su hociquillo blanco (parecía mojado en leche) saliera algo coherente.

-Vamos a ver. Imagínate que vas corriendo por un prado.

-¿Por qué un prado?

Criaturica mía, ponle imaginación a la cosa que sino yo me voy a explorar por la casa y te dejo con tus dudas.

-No, venga, dale, dale. Un prado, lo cojo. Y ahora ¿qué?

-Un prado completo de… -se recreó- de zanahorias. –sus dientes pequeñitos brillaron a través de esa diminuta sonrisa.

-Zanahorias, sí, hija. Zanahorias. –refunfuñé nada convencido.

-Y te pones a probarlas todas, todas. –se perfiló un  hilillo de baba por su leporinos labios.

-Como zanahorias… no, no lo veo, Shanelle.

-Que sí, cabezón, mira que eres atravesao’.Te comes todas las zanahorias que pillas, como si fueran chucherías de la cabalgata de los reyes, con la misma ilusión que si te hubiera tocado un pasaje gratis en algún columpio del Corpus.

-Como zanahorias, como caramelos y me columpio en el XTREM. ¿Qué más?

Ojú, que jartible eres. Ea, pues ya no sigo, si no te lo vas a tomar en serio…

-Que pollas, Antonia, que sino no me voy a aclarar en la vida.

-Al comerte las zanahorias comprobaras que algunas están dulces, otras amargas, otras se te harán cortas y otras más largas que el día del señor, en fin. ¿Tú me entiendes?

Reflexioné e intenté buscarle sentido a todo eso.

-Me estás diciendo que la vida es como un campo de zanahorias donde voy a encontrar de todo.

-Coño, y parecía tonto el imbécil. Has dado en el blanco, hijo mío.

-¡Ay, pero que collejica eres! –disimulé, le di un achuchón y me largué de allí cagando leches. ¿Qué iba a esperar de la sabiduría de un conejo?

Shan-No sé pa’ que viene a preguntarme, si luego hace lo que le sale de los kínder. En fin, yo voy a dejar un par de krispis por aquí y sigo con la tarea de sobarme las orejas.

 

La vida es como un campo de zanahorias…puedes encontrarte de todo en ella.

Jυяαмєηтσs ∂є ησ¢нє y тяαι¢ιóη ∂є ∂íα

O

nce upon a time, algún tiempo atrás, cerca del Sacromonte, un amor oculto en las sombras, iluminado por los luceros de las vacías calles. Recorriendo la breve distancia que los separa, una muchacha corre en pos de su amado por la vereda verde que une su casa a la de él, una vereda en la que no crece la hierba por las pisadas nocturnas que con frecuencia la recorren. Acto de amor que se viene realizando durante 50 lunas ya. Besos, caricias y palabras de amor eterno se juramentan en susurros para que nadie toque aquel profundo afecto que se profesan.

 

En cambio, cuando llega el alba, la realidad es bien distinta. Las malas lenguas vociferan un amor a la luz del día con otra joven.

Juramentos de noche y traición de día es algo que no puede creer, él dice que la ama, no tiene que creer a ningún pregonero que le hable de lo contrario. Fiel a su palabra, ignora esos crueles rumores que se vociferan en todo el barrio.

 

Una noche más, recorre la vereda verde sin hierba, iluminada solo por cinco farolas. Él vuelve a jurarle amor eterno, una vida juntos, una familia y todo lo que ella desee. Inmersa en un profundo sueño se encuentra la muchacha, evitando despertar de él. 10 lunas pasan y la relación de amor se hace casi insostenible a la luz de la luna, gritando una notoria presencia a la luz del sol, es hora de que todos sepan que es su hombre y lo será por siempre.

 

Pero las cosas nunca son como creemos que son. Y los rumores sobre un amor a la luz del día se hacen más fuertes…con otra, tanto… que esos rumores se confirman con la presencia de la otra joven y el muchacho juntos bajo el sol. La joven pide a su vecina y amiga que cierre la boca cuando le confiesa el secreto a voces, aunque la verdad duela un buen amigo no la oculta. Él no puede casarse con otra, no puede, él la amaba a ella, lo había hecho durante todo aquel tiempo. Ella le había dado todo lo que él quería con la promesa de que sus deseos de verían colmados de felicidad en un futuro próximo. Ahora… esos cinco años de lunas se convierten en un cordel en el cuello de la joven que la asfixiaba, el alma se le escapaba en cada latido del corazón, corazón que había correspondido a su amor ingrato y desleal. Lo maldice con el fuego, maldice sus palabras y desea arrancar esa lengua y quemar esa boca mentirosa que la traicionó de vil forma durante tantos y tantos años.

 

Y ya se apagan las cinco farolas que iluminaron esa senda que unía su casa a la de él, esa vereda verde que no criaba hierba… ahora se encuentra atestada de ella, ya no hay más paseos al anochecer bajo la luna, ya no hay más amor prodigado en susurros al viento de la noche, ya no hay juramentos, ya no hay mentiras, ya no hay nada.

 

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