Conexión… conexión…

Hace décadas comprobé lo frágil que era la vida, los giros que podía proporcionar a nuestra fingida estabilidad, y a día de hoy, éste septuagenario opina que la vida nos zarandea cuando creemos que más controlamos la situación, cuando nuestros planes parecen fijados a la piel no están más que sujetos con chinchetas a un frágil mural, temiéndose caer con la suave brisa del cambio.
Unas de las cualidades más importantes es el poder de adaptación al medio del ser humano, nuestra dimensión y realidad cambia en tan solo un parpadeo, por ello, es necesario el hacer lo oportuno para no caer por el fino hilo de la vida.
Muchas son las conversaciones que he mantenido, pocas las que han llegado a un punto interesante, por ello son tan relevantes, por su poca frecuencia. Añoro las largas conversaciones que podía tener con un desconocido al conectar, en la que nunca faltaba tema ni ganas de seguir compartiendo vivencias, experiencias, opiniones, puntos de vista… Echo de menos la conexión de dos almas, la que sentí con mi difunta mujer, o la que he mantenido a lo largo de los años con mi hermano, el cual se distanció hace unos meses por un problema familiar, el cual acepto y respeto.
Ojala volviese a aquellos años en los que la melodía de un piano me transportaba a un mundo idílico y de fantasía, hoy en día imposible dado mi basto (y minúsculo) conocimiento del mundo, ya no puedo soñar, ya no puedo desear, no tengo deseos que quiera cumplir, la vida es azar y la esperanza entorpece nuestra percepción del ritmo autónomo que lleva nuestra existencia, es un tren que no podemos parar por mucho que deseemos que finalice en una parada concreta.
Hace décadas me di cuenta de la soledad que cada ser humano porta, soledad que intentamos menguar y compartir buscando conexión con otros.
Conexión… conexión…

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lυ¢нα

 

Espíritus mancillados por traiciones ocultas vagan eternamente por la fortaleza de mis soledades, deseando ahogar su angustia en mi pena para transformarme en un ser desgraciado como ellos.

Mas al final de pasillo, la luz de la luna reflejada en el ventanal me indica el camino de la salvación eterna, armarme de valor, pues de los cobardes no se ha escrito nada, y luchar para alcanzar un destino mejor que el que me espera entre negras lágrimas de arrepentimiento.

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Tornados de emociones sobrevolaron las vírgenes tierras de H. sin que ella pudiera evitarlo. Las piernas le temblaron, apoyó su espalda contra la pared de gotelé  y se dejó caer hasta acabar sentada sobre el frío suelo de mármol de imágenes anodinas.

Levantó las rodillas y agachó la cabeza, rodeó sus delgadas piernas con sus brazos y empezó a llorar ahogando sollozos para no despertar la curiosidad de los transeúntes del pasillo, quizás en la misma situación que ella pero con más poder de contención a la hora de marcar una línea que sus lágrimas no debían cruzar (al menos con público). Las puertas cerradas de la estancia de H eran una representación gráfica de sus esperanzas, que se mantenían encerradas bajo llave sin poder abrirlas. Habían sido secuestradas junto a su fe por el miedo, el pánico, la soledad y el desconcierto a un futuro confuso y mezclado con retazos de su pasado y sus peores temores.

Se puse en pie con un “Y SI…” y caminó bajando la mirada con prisa hacia un refugio de miradas. Con cada paso menos era la necesidad de ocultar su llanto, no es de extrañar ver a gente triste en un pasillo de hospital. No sintió vergüenza de sus sentimientos y dejó llevar sus lágrimas fuera de su alma, enjugándolas con las mangas de su verde suéter para poder vislumbrar el camino escaleras afuera hasta la salida de aquel triste edificio.

No llegó hasta abajo, en el descansillo del segundo piso acabó chocando contra la pared y sus fuerzas menguaron como si de un globo pinchado se tratase.

Se hizo un ovillo apretando los dientes. Había trascurrido unos cuantos minutos y aún seguía temblándole el cuerpo, sentía presión en su estómago y necesidad de vomitar.

Un cuerpo la cubrió por completo rodeándola. Un enorme abrazo.

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Ella ya escribió en su pared su gran historia.

Usando pintura de dedos, un diario público,

Con palabras emergidas del corazón.

Ella ya terminó de escribir el capítulo que vivió

Ya lo cerró, ya lo cerró, ya lo escribió.

 

Ella dibujó en su pared un globo de color

Una niña que lo perdió, una brisa que se lo arrebató

Ella lo dibujó y lo coloreó,

En su pared, en su pared lo publicó

 

banksy-niña con globo de corazon_

 

Ella callada contempló el mural de su habitación

Su diario público, sus sentimientos y emoción.

La pluma que usó, fueron sus dedos

Que deslizó por el gotelé de su habitación.

 

Quedó satisfecha, la historia terminó


Sabía que el tiempo la acabaría borrando

Quedo reflejada en su pared y allí se quedó

Pero mientras podría disfrutarla contemplando

Desde su silla giratoria.

 

Era su historia, y ya la escribió. 

 

 

P.D. si alguien se atreve a convertirlo en canción, toda suya mi emoción…

єи мι мυи∂σ, мι ρℓαиєтα

Cuando me acerqué, aún no sabía de que se trataba aquello, contaba con una leve idea, quizás obtenida al leer algún artículo de un antiguo periódico.

Desconocía si me dañaría el tocarlo, pero me moría por sentir su textura. El color era; como llamaban mis abuelos; verde, ese extraño color que no existía ni en mi vida, ni en mi mundo.

Era tan pequeño que me arrodillé a su lado, posé levemente mis yemas sobre su superficie, era terso, con alguna rugosidad, pero fino, más de lo que me esperaba.

No sé el motivo concreto, quizás mi acción activó algún extraño mecanismo dentro de mi cabeza, pero me llevé los dedos a la nariz, y en ese momento… aspiré.

Un olor desconocido y nuevo para mí inundó mis fosas nasales, era un olor fresco, abierto como cuando abres una ventana de la habitación, pero con una leve connotación dulce, no sé explicar mejor aquella sensación.

Con presura arranque aquello que se encontraba en una grieta del enorme solar en el que me hallaba, lo oculté en mi bolsillo como si de un ladrón me tratara y corrí hacia casa.

En mi habitación encendí la luz para poder ver con más detalle mi gran hallazgo.

Lo observé durante largo rato, terminé aburrido al desconocer su origen, procedencia e incluso su nombre.

Busqué por toda la red, pero nada, no tuve fortuna. Hasta que una idea me abordó de repente y la motivación inundó mi cuerpo como ola en la orilla del mar, ese mar que está seco.

Bajé al sótano y revolví entre mil y una cajas de mis familiares difuntos, aquello era nuestro pequeño legado, información que durante siglos, mi familia, había recopilado y almacenado para los conocimientos futuros.

Y allí se encontraba una foto descolorida, pero guardando exactamente la misma forma que mi objeto. Subí el libro y lo comparé con mi ejemplar.

-Menta. –leí en voz alta tras varios intentos fallidos de pronunciarlo con corrección.

¿Verde? ¿Hierba? ¿Oxígeno? ¿Fotosíntesis?

¿Qué era lo que me había pedido en los años de destrucción de mi planeta? Felices los ignorantes que no conocen más realidad que la suya.

Mi venda había caído y no podría vivir con el peso de la destrucción de “hierba” en mi planeta. ¿Cuánto más me había perdido? ¿Cuánto habrá que nunca lograré recuperar ni conocer?

Cuando me acerqué, aún no sabía de que se trataba aquello, contaba con una leve idea, quizás obtenida al leer algún artículo de un antiguo periódico.

Desconocía si me dañaría el tocarlo, pero me moría por sentir su textura. El color era; como llamaban mis abuelos; verde, ese extraño color que no existía ni en mi vida, ni en mi mundo.

Era tan pequeño que me arrodillé a su lado, posé levemente mis yemas sobre su superficie, era terso, con alguna rugosidad, pero fino, más de lo que me esperaba.

No sé el motivo concreto, quizás mi acción activó algún extraño mecanismo dentro de mi cabeza, pero me llevé los dedos a la nariz, y en ese momento… aspiré.

Un olor desconocido y nuevo para mí inundó mis fosas nasales, era un olor fresco, abierto como cuando abres una ventana de la habitación, pero con una leve connotación dulce, no sé explicar mejor aquella sensación.

Con presura arranque aquello que se encontraba en una grieta del enorme solar en el que me hallaba, lo oculté en mi bolsillo como si de un ladrón me tratara y corrí hacia casa.

En mi habitación encendí la luz para poder ver con más detalle mi gran hallazgo.

Lo observé durante largo rato, terminé aburrido al desconocer su origen, procedencia e incluso su nombre.

Busqué por toda la red, pero nada, no tuve fortuna. Hasta que una idea me abordó de repente y la motivación inundó mi cuerpo como ola en la orilla del mar, ese mar que está seco.

Bajé al sótano y revolví entre mil y una cajas de mis familiares difuntos, aquello era nuestro pequeño legado, información que durante siglos, mi familia, había recopilado y almacenado para los conocimientos futuros.

Y allí se encontraba una foto descolorida, pero guardando exactamente la misma forma que mi objeto. Subí el libro y lo comparé con mi ejemplar.

-Menta. –leí en voz alta tras varios intentos fallidos de pronunciarlo con corrección.

¿Verde? ¿Hierba? ¿Oxígeno? ¿Fotosíntesis?

¿Qué era lo que me había pedido en los años de destrucción de mi planeta? Felices los ignorantes que no conocen más realidad que la suya.

Mi venda había caído y no podría vivir con el peso de la destrucción de “hierba” en mi planeta. ¿Cuánto más me había perdido? ¿Cuánto habrá que nunca lograré recuperar ni conocer?

мє gυѕтα ѕιи яємє∂ισ

-Estamos en directo desde vuestro programa de Radio Favorito “Quizás esta noche…”. La canción que acabamos de escuchar es de Gloria Estefan: Como Me Duele Perderte.

Buenas noches a todas las almas despiertas en estas horas de la madrugada. Yo, vuestro amigo, Sergy, estoy a vuestra disposición en cualquier momento para todo tipo de intervención por vuestra parte. Ya sabéis el número al cual debéis llamar para hablar en directo conmigo.

Y me comentan mis compañeros que tenemos una llamada más.

Buenas noches ¿Con quien hablo?

-Hola, Segy, me gustaría realizar la llamada de forma anónima.

-Por supuesto, es totalmente respetable. Pues cuéntanos oyente, que quieres expresar en este programa.

-Tengo que confesártelo, killo.

-¿Cuál es el problema?

-No puedo sacármelo de la cabeza. Sé que está mal, lo sé, lo sé, no dejo de repetírmelo a mí mil veces, pero es que…los sentimientos no se pueden controlar, eso esta claro y todo el mundo lo sabe. No es algo idílico ni un amor platónico ni nada de eso, es simplemente un chico que me encanta, todo lo que sé de él me fascina y uff, es increíble, si yo tuviera alguna oportunidad me tiraría de cabeza, porque es lo que yo busco para mantener una relación.

No dejó de hablar conmigo en todo el día, con una naturalidad asombrosa, es muy fácil platicar con él de cualquier tema, me contuve, me contuve mucho.

ÉL es el novio de la amiga de mi amiga, un verdadero lío, lo sé, pero más lío es esto: Quiero volver a verlo, pero no debo porque me gusta mucho, tampoco sé cuanto tiempo pasará para que volvamos a encontrarnos o quedar, quizás una eternidad, o tal vez nunca, no se sabe. Fin de mi drama. Ahora dime que debo hacer.

El estudio había enmudecido, ninguno tenía una respuesta firme, ya que en asuntos del corazón, los puntos de vista abundan como personas que escuchan este tipo de historias.

-Creo que deberías alejar de ti esos pensamientos. Ves reflejado en ese chico lo que quieres para ti, lo que siempre has buscado. Mirando el lado positivo, si existe ese muchacho, el que tú buscas no es una quimera, es realidad y anda suelto por algún lado de este extenso mundo, así que no creo que debas perder la esperanza de encontrarlo. Pero debes hacerte a la idea de que este chico no es para ti, él eligió y supongo que estará muy enamorado de su novia.

-Así es, es increíble verlos juntos, él es muy sincero conmigo cuando discute con ella o es ella quien se enfada con él, intento mediar, petición de él, para dar solución, y es una satisfacción verlos juntos, pero claro, yo no debería sentir atracción por este chico, pero no puedo evitarlo.

-Debes hacerlo, si vuelves a verlo, solamente disfruta de la situación de amistad y del buen rato que podéis pasar juntos, no pienses en nada más, ni fantasees con lo que puede o podría ocurrir en tu imaginación. Si no vuelves a verlo, o pasa mucho tiempo hasta un nuevo encuentro, no te preocupes, no conviertas a él en el centro de tus pensamientos. Sigue adelante sumando un amigo más a tu lista y rememora los buenos momentos vividos hasta ahora. ¿Me he expresado con claridad?

-Por supuesto, me has ofrecido una gran ayuda, gracias y suerte con el programa.

-Hasta pronto, oyente.

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