Maleta de sueños

“En mi maleta llena de sueños no cogían los miedos ni la tristeza, estaba tan henchida de esperanzas y anhelos que era imposible que entrase algo más en ella. Mis buenos deseos los ubiqué al fondo, mi corazón latiendo de emoción se encontraba en un bolsillo lateral y la ilusión de compartir viaje y unos días con la persona que amaba llenaba todos los espacios vacíos. Sin embargo, pese a estar tan cargada, pesaba muy poco, casi levitaba, como yo si no colocaba piedras alrededor de mis tobillos. Pero una llamada telefónica provocó una grieta en mi maleta, por ella escapó la ilusión a una velocidad inusitada, y ese espació lo ocupó la frustración, que a codazos le hizo un hueco a la tristeza donde antes se encontraba mi creciente corazón. Las maletas no son indestructibles y las emociones y sentimientos son demasiado volubles y sensibles para quedar empacados al vacío en una maleta que puede romperse.”

lα ηιñα ∂є lσs σנσs νισlєтαs

É

rase una vez que no se era más allá de vuestra imaginación, el lugar más remoto al que más rápido podéis acceder, vivía o existía una pequeña niña de edad indefinida. El tiempo había marcado en su piel las señales del tiempo, al igual que puede conocerse la edad de un árbol por los círculos de tu tronco, a ella podía reconocérsele la tristeza vivida. Lo único que parecía invencible al tiempo eran sus ojos violetas, puros e intensos como el día que vieron la luna por primera vez.

Aquella niña de edad infinita era presa de una maldición, el maleficio que había sido lanzado sobre ella ocurrió muchos años atrás, en una noche de tormenta donde la fina lluvia empapaba las calles de un pequeño pueblo. La avaricia y el poder estaban reinando en los corazones de los habitantes del territorio y una buena hechicera, cansada de la avaricia y el poder de aquella pedanía, se acercó esa noche de tormenta a la plaza del pueblo para vengar su olvido en la mente de aquellas personas.

-He llorado y llorado lágrimas negras y amargas por vosotros, rogando que recordarais mi buen nombre y mis buenos actos antaño ejercidos, pero las riquezas, la soberbia y la envidia os han hecho presos y ciegos ante los manjares que la vida de paz y bondad os ofrecía gracias a mí. He aquí que os maldigo por vuestros pecados. Mis lágrimas se han secado ya, y uno de vosotros jamás sabrá lo que es llorar ni de amargura ni de alegría. El primer bebe que nazca la noche en que la lluvia cese, nacerá sin lágrimas en sus ojos, esos ojos se secarán y no verán jamás todo lo malo que habéis ocasionado. Ella será el recordatorio de todas vuestras miserias, cuando esa criatura cumpla seis años tendrá poder suficiente como para cegaros a quienes continuéis pecando. Ya que estáis ciegos de avaricia, la ceguera real será el precio para que recordéis que hay algo más en la vida, hay una felicidad lejos de las pertenencias y se encuentra en vuestro interior.

Aquella extraña maldición sonó en sus mentes como una caja de música rota cada día de lluvia. Tras unos meses intensivos de tormenta, el eco de esa caja de música se desvaneció y pronto olvidaron la advertencia de aquella hechicera. Más una noche la lluvia cesó, cesó con el llanto de una niña que nació con unos hermosos ojos violetas, ojos que perdieron la visión nada más reconocer el rostro de su madre.

El pueblo entero temía a aquella misteriosa niña que nació ciega el día en que la lluvia cesó, y el terror se adueñó de ellos cuando el día del sexto cumpleaños llegó.

Y así se cumplió la profecía. Todo aquel que albergaba vienes que no necesitaba, cegado de avaricia, fue quedando ciego. Todos recuerdan esa noche como “la noche de los lobos”, ya que en el pueblo solo se escucharon aullidos de dolor y desesperación al sentir oscurecer el mundo de aquellos pueblerinos.

Mil veces señalada y maldecida injustamente por traer la desgracia al pueblo. Todos la señalaban ya que la castigaron a llevar zapatos de metal para oírla acercarse por las calles, pues aunque los pecadores carecían de vista, tenían un oído exquisito.

La niña de los ojos violetas caminaba por las calles hundida en el dolor de la culpabilidad y la ignorancia al no entender qué pecado había cometido para haber sido maldecida, no era la causante de la ceguera del pueblo, ellos mismos se lo habían buscado por su mal hacer. Pero en fin, el ser humano es así, necesita culpabilizar de su desgracia a un ajeno para no enfrentarse a sí mismo como el productor del daño ocasionado.

Sus ojos estaban secos y su alma lloraba a mares, la maldición de no verter una sola lágrima hacía aún más hondo el agujero de su dolor y desolación.

Los únicos habitantes que habían cambiado a raíz de la advertencia de la hechicera conservaban la vista, y justamente esas amables personas eran las que cuidaban de todos los habitantes del pueblo, en especial de la niña de ojos violeta, pura de corazón aunque hundida en la tristeza.

Al morir su madre, la niña de los ojos violeta decidió abandonar el pueblo en pos de un lugar mejor donde no fuera señalada ni temida por el sonido de sus zapatos de metal.

Poco duraron sus andanzas, o eso consideró ella, pues su ceguera no le permitía llegar muy lejos.

Encontró un pueblo cercano, ajeno a toda la tragedia sucedida en su lugar de origen y allí pudo descansar. Lo primero que hicieron al verla fue cambiar sus duros, fríos y pesados zapatos por unos tiernos y cálidos, y lo mejor de todo, no hacían ruido al caminar. Para ella esa fue una alegría que le inundó el corazón, sin embargo, no pudo expresarlo con lágrimas ya que había sido maldecida sin ellas y ese sentimiento se atragantó en su garganta.

Se le ofreció cobijo en una humilde casa que agradeció con una enorme sonrisa.

Esa noche se la invitó a una cena caliente en compañía de la dueña de la casa.

-Deberías probar bocado. –susurró aquella anciana mujer al observar la temeridad de la niña de los ojos violeta de cometer pecado alguno.

-Tengo miedo.

-¿De qué?

-De que esté delicioso y no poder expresarlo con lágrimas que están deseosas por brotar de mis secos ojos.

-¿Por qué no los abres?

-Porque no tienen vida.

-Intenta abrir tus ojos a la vida, quizás ellos te muestren el camino de las lágrimas.

-Fui maldita antes de nacer a causa de la avaricia de mis vecinos por una hechicera y nunca he podido ver.

-¿Ni siquiera sabes de qué color son tus ojos?

-Una vez, hace mucho tiempo, mi madre me dijo que eran violetas.

-¿Me dejarías comprobar ese bello color?

La niña de los ojos violetas, temerosa, los entreabrió con miedo.

-Efectivamente, tus ojos son de un violeta intenso, los ojos más bellos que he podido ver.

-La desgracia es que nunca he podido ver por ellos, ni llorar por ellos. Las emociones que llevo guardadas en mi alma pesan tanto que apenas me permiten respirar.

-Las lágrimas son una buena salida a todas esas emociones de tristeza y alegría, es algo natural en el ser humano. Debe de ser una carga muy pesada para ti. Si pudieras ver… ¿no te horrorizaría el mundo?

-Quizás… o quizás podría contemplar la belleza de las pequeñas cosas. Pero ante todo, podría llorar, sacar afuera todas esas emociones que no he podido nunca hacer.

-Es hora de que duermas, la oscuridad ha vencido al día y debes descansar para que la luz vuelva como ayer, y antes de ayer, como al comienzo de la vida.

La niña de los ojos violetas subió las escaleras con dificultad, la edad era algo que pesaba sobre sus huesos de forma forzosa.

Alcanzó el lecho que se le ofreció y durmió profundamente.

Al despertar se sintió ligera como una pluma, las cadenas que amarraban su cuerpo y su alma habían desaparecido, comprobó con las manos, tanteando con sus manos, como sus sabanas estaban húmedas. ¿Habría sudado tanto aquella noche? No sintió frío ni calor.

Pero aquello era más que sudor, absolutamente toda ella estaba empapada, inmersa en un líquido más suave que el simple sudor y de una fragancia desconocida. Su rostro estaba mojado, así que alzó el codo para limpiarse y en un acto reflejo entreabrió un ojo, aquel ojo violeta seco y sin vida estaba viendo el primer rayo de sol de su vida. Abrió el otro ojo y comprobó que la vida había llegado a sus ojos. No le costó demasiado entender que la humedad de su lecho había sido ocasionada por un torrente desmesurado de lágrimas, lágrimas vertidas que habían sido encadenadas a su alma y, sin razón aparente, ahora eran liberadas para desprender la tristeza de la niña de los ojos violetas. Bajó corriendo las escaleras en pos de la anciana, dueña de la casa, pero no la encontró, de hecho, tampoco halló la mesa de madera ni la silla donde estuvo sentada cenando. ¿Aquello había sido un sueño? No, la hechicera se había apiadado de ella al comprobar el alma tan pura que contenía en su interior, amarrada por la agonía de sentimientos que no podía escapar por las lágrimas.

Se miró en un viejo espejo, su rostro estaba arrugado y marcado por unos surcos oscuros, los labios agrietados y sus manos huesudas no habían escapado al tiempo, pero sus ojos, esos ojos violetas era lo único que parecía invencible al tiempo, puros e intensos como el día que vieron la luna por primera vez.

Emprendió un largo camino lejos de allí. Su peregrinaje la llevó a un sinfín de lugares, conoció a un millar de personas y a todas y cada una de esas gentes dejó marcada su huella. La niña de los ojos violetas decía una y otra vez “Llora, es la salida de las emociones del alma, si no lo haces, tu alma se consume sin poder ser liberada y la tristeza habitará dentro de ti”.

Así que llorad, llorad de alegría, pena, tristeza, emoción, risa… pero llorad. Las lágrimas son como las notas de una caja de música, tienen unos sonidos que alivian el alma, no dejéis que esa cajita musical se rompa por no usarse. Entregad melodías al mundo.

Si lloráis, la primera de todas esas lágrimas contendrá la mirada de unos ojos violetas.

Ojos Violetas

Lα нιsтσяια ∂єl нσмвяє sιη вσ¢α

E

    rase una vez que nunca existió en la mente de un corazón vacío y barrido por la desolación, donde brotó la más bella de todas las historias. Todos los relatos son hermosos si nos paramos a pensarlo, pues la belleza es tan subjetiva que depende de los oídos de quienes las escuchen, no de los labios de quienes las cuenten.

Y como un gran cuentacuentos que soy, o al menos así me tiene considerado la humanidad eones y eones atrás, me atreveré a contaros esta magnífica epopeya que nunca sucedió más allá de los límites de la realidad, pero si te atreves a dejarte llevar y abandonar el mundo que conoces, puede que consigas quedar prendando por mis palabras. Eso sí, lleva contigo una maleta llena de dolor, desolación y el corazón roto, quizás encuentres la cura para eso o una maleta igual a la tuya… nunca se sabe cómo puede influir en ti una historia de este tipo.

Lα нιsтσяια ∂єl нσмвяє sιη вσ¢α

1

Para serles franco, tenía un pequeño agujero debajo de su nariz, simulando lo que muchos conocemos como “bocazas”, “bocachancla” o simplemente “boquita de pitiminí”.

Aloa, el hombre sin boca nació, como casi todos nosotros, de las entrañas de su progenitora, pero al ver la luz del nuevo mundo no emitió sonido alguno. Los profesionales que estaban a cargo de que el parto se realizara con total normalidad descubrieron que, si de algo carecía nuestro protagonista, era precisamente de eso, de normalidad. Bueno, de normalidad y de boca, por ello el bebé no lloró al rasgarse sus pulmones a la vida.

La única medida que pudieron adoptar fue abrir un pequeño agujero debajo de la nariz, más o menos a la altura en la que debería encontrarse una boca con labios, dientes y lengua.

La madre de Aloa, Elosa, decidió ocultar al niño de la burla del cruel mundo propiciándole una máscara muy sofisticada. Ayudada por su hermano Tomas, el tío de Aloa, fabricaron una máscara que se mimetizaba casi perfectamente con el rostro del muchacho. La máscara llevaba oculta unos electrodos que se comunicaban con el cerebro del niño, haciendo que los labios construidos se moviesen a merced de los deseos de Aloa. Si el chico quería gritar, su cerebro enviaba ondas a la maquinaria de la máscara y ésta se movía abriendo esos artificiales labios para provocar el sonido deseado. Dejemos claro que Aloa tenía voz, no tenía boca, pero sí una hermosa voz.

De hecho, tenía una voz tan magistral, que su madre rogaba día sí y día también que cantase para ella, pero para Aloa era mucho más fácil tararear o emitir la melodía sin palabras, ya que así no tenía que forzar la maquinaria de su máscara para producir palabras.

-¿Dónde está papa? –preguntó una tarde a la edad de seis años mientras dibujaba caras sonrientes en el vaho del gran ventanal que coronaba el salón en el que vivían.

-Papa tuvo que marcharse cuando yo

2quedé embarazada.

-¿Por qué?

-Echó a volar y surcó los cielos en pos de aventuras.

-¿Por qué no se quedó contigo, con nosotros, para cuidarnos?

-Mi dulce niño, papa se convirtió en ángel, un día le brotaron unas magníficas alas blancas que era incapaz de ocultar. ¿Sabes lo que hace la gente con las personas… “diferentes”?

-¿Qué? –preguntó intrigado Aloa, ya que él se consideraba el más diferente de todas las personas.

-Apagan la llama de su diferencia, convirtiéndoles en seres normales.

-Y papa no quería eso.

-No quería que le hicieran daño y mucho menos a nosotros dos, a ti y a mí.

-Pero yo también soy raro. ¿La gente querrá apagar también mi llama?

-No si logramos engañarlos.

-Pero mentir está mal.

-No cuando se trata de mantener tu llama viva, cariño. Gracias a la máscara que llevas día y noche, invento que construimos tu tío Tomas y yo, podrás hacer una vida normal sin que la gente descubra que en realidad eres mucho mejor que ellos, eres especial.

-¿Cómo voy a ser mejor que ellos si no tengo boca y ellos sí?

-Tú solo dices lo que quieres decir, y debes pensar lo que quieres emitir, incluso, a veces, no hace falta hablar, te puedes comunicar de otra forma ¿cierto?

-Puede ser…

-En cambio, el resto de la gente solo habla, y habla, y habla y no tiene nada que decir, sus palabras, al contrario que las tuyas, están vacías. Solo usan su voz para matar el silencio, pero tú cuidas ese silencio, lo conviertes en tuyo y solo lo perturbas cuando crees que es necesario.

-Te quiero mama. – corrió feliz a las faldas de Elosa, que la consideraba su gran guía en esta vida que se veía tan compleja para él.

Elosa soltó una lágrima imperceptible. Su corazón estaba roto, pero no podía permitir que se rompiese también el de Aloa.

Aloa creció como cualquier otro niño, si consideramos el desarrollo de otros niños como personas que se cultivan leyendo cientos y un libros y eran amigos del silencio, solo roto si tenía algo importante que decir, lo cual meditaba bastante, ya que le parecía complicado la utilización de su máscara.

3

 

Fue al colegio como debía ser y se convirtió en una de las experiencias más enriquecedoras de su vida, descubrió el poder de la supresión, el dolor del llanto continuo, la envidia insensible y la malicia del ser humano. Aunque llegaba a casa llorando, en cuanto su madre lo abrazaba y le pedía que cantase, ese mal de su corazón se borraba. Era un muchacho excluido por una “deformidad” un tanto extraña. La máscara no había crecido como lo había hecho el rostro del niño, y la pieza le quedaba pequeña dejando en evidencia que algo no era “normal” en su rostro.

Tomas regresó para visitar a su hermana y a su sobrino y volver a crear una máscara acorde a las medidas de un niño de 12 años, esta vez les quedó perfecta, se mimetizaba hasta tal extremo que era complicado diferenciar los límites de la fantasía y de la realidad, pero cuanto más pasaba el tiempo, más difícil se le hacía a Aloa unir sus pensamientos a la máscara para emitir sonidos, cada día le era más complicado hablar. Con lo cual su voz solo sonaba, la mayor parte de tiempo, en tarareo de melodías que su madre le había enseñado tiempo atrás.

Elosa tuvo una magnífica idea, al ver la espectacularidad con la que su hijo se expresaba a través de melodías, le regaló un violín, un instrumento de cuerda que no necesitaba para nada el uso de la voz ni de la boca. Y año tras año Aloa fue perfeccionando el arte de comunicarse a través de la música del violín sin necesidad de mentar palabra.

Era un chico muy estudioso, pues pasaba la vida leyendo, actividad que le permitía acomodarse en el silencio de sus pensamientos sin ser mencionados o malgastados en el aire, y llegó con facilidad a labrarse un futuro prometedor en el campo de la historia, era capaz de contarte una gran guerra en apenas 10 minutos con su violín y llegabas a entenderlo tan bien que dudabas si alguna vez se necesitarían palabras para volver a contarla.

Pero llegó el amor, la primavera de los 19 años lo llevó a la desesperación de un corazón roto. Todo fue pura casualidad, azar, como suelen ocurrir estas cosas.

Compañera de clase que le sonríe. Él siente fuego en su cara y en su corazón, y enseguida le pone nombre a ese sentimiento con las palabras que llevaba leyendo años.

5

 

-Hola ¿qué tal? Soy Sol, te he visto en clase y me pareces  una persona… diferente.

Aloa solo bajó la mirada, la dificultad para producir palabra era extrema en ese punto de su vida.

-Mmm ¿podrías decirme algo? –ella le levantó la mirada alzando su barbilla con los dedos.

En ese momento Aloa le habló, le habló de la única forma que le resultaba más comoda, con su violín.

La muchacha pareció divertirse ante tal originalidad.

Para lo que todo el mundo llamaba “raro” ella lo llamaba “divertido”.

La relación con Sol fue prosperando ya que incluso le componía canciones y le regalaba las partituras para que supiera entender “su lenguaje”.

Un día la llevó a casa y Elosa le relató las peculiaridades de la familia. Su amado esposo se había convertido en un ángel, y para mantenerlos a salvo, huyó volando cuando ella quedó embarazada. Su hijo había nacido con el don del silencio y de la voz pero sin boca, con lo cual, para evitar burlas de la gente, habían construido una maquinaria que conectaba su cerebro a su voz para emitir sonidos que pensaba, todo ello oculto tras una máscara para que pudiese hablar, pero no sabían por qué, cada día le era más complicado al joven muchacho utilizar ese artefacto, y prefería hablar a través de su violín, hecho que a Sol fascinó.

Todas las tardes, Sol y Elosa pasaban el tiempo juntas contemplando los recitales que Aloa les dedicaba a ellas, a veces eran melodías que él componía y otras, en cambio, eran conversaciones que le intrigaban, y era divertido que él preguntara con el violín y las mujeres contestaran a viva voz o incluso improvisaran alguna melodía para esas palabras.

Pero nada permanece, todo fluye y nada queda.

Un buen día, Sol dejó de aparecer por clase y de visitarlo a casa.

Aloa no sabía dónde buscarla, le costaba la vida preguntar a compañeros de clase por su dirección, y tras muchos intentos pudo comunicarse a través de su máscara. Máscara resquebrajada y casi suelta, su función era finita y estaba a punto de terminar.

Se dirigió junto a su madre en pos de la muchacha.

Cuando encontró a Sol se hallaba en brazos de otro hombre, de un hombre que podía decirle cosas bonitas sin necesidad de un violín o una partitura de por medio.

Los ojos del muchacho se preguntaron el por qué cuando la pillaron infraganti. Ella solo respondió que no podía enamorarse de alguien que no pudiera besarla, ni decirle cosas bonitas. Necesitaba una voz a la que amar, y la voz de un violín, aunque divertida, era solo un instrumento. Nunca vio al chico tras el instrumento, solo… el pasatiempo de alguien “original”.

Aloa comenzó a llorar con tanta fuerza que la máscara se le terminó rompiendo y cayó al suelo dejando al descubierto su rostro completo. Ese rostro deforme que siempre había intentado ocultar, sin percatarse que la máscara no lo hacía pasar desapercibido ni mucho menos. Sol se sorprendió al ver la cara de Aloa y tapó su boca para ahogar un chillido.

El muchacho se llevó las manos temblorosas a la cara y comprobó que tenía una preciosa boca, unos labios rojos y gruesos, unos dientes blancos y perfectos, y una lengua que podía moverse en cientos de direcciones.

Tanto Aloa como Elosa se dieron cuenta de por qué le costaba tanto al chico comunicarse a través de la máscara: porque ya no la necesitaba, solo era un impedimento, su cuerpo había creado de lo que careció al nacer.

Madre e hijo se abrazaron llorando de felicidad, pero acto seguido, Sol se acercó al joven y hermoso muchacho rogando su perdón, más ya era tarde… él le había regalado su música y sus silencios, ella sin embargo, solo deseaba una boca que le dijese cosas bonitas.

-¿Qué puede ser más bonita que una música que sale del corazón? –fueron las últimas palabras de Aloa antes de marcharse con su madre.

Sol quedó desolad

a, arrepentida por su comportamiento y avergonzada, arrodillada en el suelo regó la tierra estéril que la sostenía.

4

Pasaron muchos años, más de lo que sois capaces de contar, y el hombre sin boca quedó en el olvido, solo su música perduró hasta nuestros días, ese fue su legado. Nunca volvió a decir palabra alguna, pues con su violín se comunicó todo lo que necesitó, arropándose en el silencio cuando lo deseaba.

Así que si caminas por la calle y de repente escuchas una música que te hace sentir algo especial… sin lugar a dudas es el hombre sin boca que te está hablando a través de su melodía.

α¢σя∂єѕ ∂є gυιтαяяα у ѕυѕυяяσѕ ∂є

Acordes de guitarra y susurros de una femenina voz despiertan mi madrugada, nada cambia y nada permanece, todo depende de las diferentes percepciones que se tenga sobre el caso.

El pasado vuelve, personitas que se quedan, otros se van y te quiero más.

Trabajo y habitación, muñeco y Tormenta, música y sueño, inquietud, miedo, libros y 3MSC, Take me away.

Respiras conmigo, ¿ves? No es tan malo saber la verdad. Y recuerda que si te llamo es porque necesito confirmar que mi elección por ti es viable y única, pues yo elijo la vida, no es tan difícil ¿no? Aunque sé que estás ahí ¿y tú? Deja de caminar sobre la cuerda floja que si te caes te cogeré, pero los arañazos no cesarán allá donde no se ve.

Y así pues recuerdo un pequeño cuento…

Caminaba sombra a la deriva, sin saber con certeza a dónde de su viaje, una señal supuso que la ayudaría a identificar a qué camino se enfrentaba.

Sangraba plumas negras, el golpe había sido demasiado fuerte, el amor había sido demasiado fuerte para alguien con un diminuto corazón.

Keep out” fue el cartel referencial de su epopeya.

Nada más claro y más directo que aquello, no la querían allí, pero entonces ¿dónde podría refugiarse? ¿En la basura de su soledad? Lugar donde tendría que convertir en un hogar para reconstruir sus alas y volver a volar en pos de aquello que le destrozo, no, no es venganza, es solo amor.

Y es que el amor saca lo peor de nosotros para poder ofrecer aquello de lo que verdaderamente estamos hechos.

Egipcio, préstame tus negros ojos para ocultar mi mirada en el refugio de tu hierática figura imponente y prospera. Rojas son las lagrimas de la piedra de mi reposo cuando pienso en no tenerte aquí.

¿Y qué si nadie entiende nada? La vida es complicada y más aún lo somos las personas.


єℓ ѕє¢яєтσ qυє ℓα ℓυ¢ιéяиαgα ¢σитó α ℓα яαиα

Vuela, vuela, vuela alto, pequeña luciérnaga, luz de la naturaleza ennegrecida por ramaje selvático.

Pequeña que zumba con ruidos delicados, cuenta su historia a la rana vecina de la charca rosa.

-TENGO UN SECRETO. –decía sin contener la emoción en acrobacias aéreas, dejando un leve rastro de luz, dibujando una extraña forma en el cielo azul.

-¿QUÉ ES LO DESCUBIERTO POR TI, PEQUEÑO SOL?

-HE INVERTIDO TANTO, PERO TANTO, TANTO TIEMPO EN OLVIDAR… HE MALGASTADO TANTAS, PERO TANTAS, TANTAS ENERGÍAS EN ENTERRAR… CUANDO AHORA QUE ESTOY ACEPTANDO EN VEZ DE OLVIDAR, ES CUANDO SIENTO QUE MI CAMINO HACIA DELANTE VUELVE A EMPEZAR.

-APRENDE A ACEPTAR QUE LAS COSAS SON PARTE DE TI, PEQUEÑA LUZ. ¿Y QUÉ ES LO QUE QUERÍAS OLVIDAR Y AHORA ACEPTAS?

-NO TENGO LUZ NATURAL, ESTO –señaló su trasero- ES ENERGÍA INDUSTRIAL.

-LAMENTO MUCHO TU CRUEL DESCUBRIMIENTO.

-NO LO HAGAS, SOY FELIZ, PORQUE SIGO SIENDO QUIEN UN DÍA FUI.

Y sonriendo al suave viento otoñal, se alejó de aquella charca rosa en busca de más amigos a los cuales su secreto contar.

Y creedme, este descubriendo le ayudo a volar muy, muy lejos, más allá.


ℓα ∂αмα у єℓ тυ¢áи

Siempre hay un piquito de oro para una dama de dorados cabellos.


Las parejas perfectas no existen porque nada en esta vida es perfecta, y en mi cuento… tampoco lo es.

En un tiempo muy, muy cercano, y en un lugar que puede ser cualquiera, nos encontramos con dos seres unidos por el destino a través de una incomprensible razón, que puede ser el amor, el sexo o la atracción, ya que no tienen más razón que el propio instinto animal, al cual todos estamos atados con esa cadena llamada evolución.

Y hablando de animales, aquí tenemos a nuestro príncipe azul desteñido, en este caso un tucán, una majestuosa ave de plumas bellas y pico enorme, capaz de encandilar a cualquiera con su labia.

Se encuentra en la selva, esa selva que solemos llamar vida, y de repente, desde la comodidad de su árbol, divisa allá cerca, muy cerca; tanto como puede ser la rama de al lado; a una bella y hermosa dama. (Lamentablemente en este cuento no contamos con el presupuesto para contratar a príncipes y princesas, además, como el amor, el sexo o la atracción son cosas que sufre cualquier ente en este mundo, ¿por qué no otorgarle, pues, el protagonismo a estos dos vulgares personajes?)

La Dama, con sus lindos cantares, embelesa al mono bobo que parece un perro meando para marca su territorio en el regazo de esta joven de rizados y rubios (teñidos) cabellos.

Ojo avizor, nuestro pájaro aterriza en el hombro de esta chica como hipnotizado navega un marinero por el canto de una cruel sirena, y se doblega a sus…. “quehaceres” mientras el pobre mono revienta bananas contra un árbol.

Pero en todo cuento tenemos un hada madrina, y la campanilla del mío, un hada traviesa y realmente “sin desperdicio” para verla en mallas, es nuestra Jacky. Esta hada de azules leotardos, rastas en el pelo y barbita de tres días es el Pepito Grillo de esta singular historia, intenta hacer ver al mono “clara” (blanca y cristalina) este cuento, en el cual quiero dejar clara mi intencionalidad: Las parejas son imperfectas, porque el mundo es imperfecto.

Sin embargo, aunque en mi cuento se unen dos seres de razas distintas, en la vida real… lo siento Golfo, aquí eso no funciona.

A %d blogueros les gusta esto: