¢αyєяση lαs єsтяєllαs sσвяє мí

Tumbado sobre mi cama reflexionaba sobre mi soledad. Cuando de pronto una brisa fresca entró por mi ventana poniéndome la piel de gallina. Y vi de pronto que sobre mi cabeza se precipitaban pequeños objetos que conforme descendían y selloviendo estrellas acercaban a mí más grandes se volvían. ¡Eran estrellas! Estaban lloviendo estrellas, pero no de una forma deliciosa y fina, sino cayendo sobre mi cabeza golpeándome con saña.

Lo único que me pregunté fue: ¿Qué le he hecho al cielo para que caigan estrellas sobre mí?

No hubo respuesta, solo unos buenos chichones en mi frente. Sin embargo, olvidé el reflexionar sobre mi soledad. Dichosas estrellas…

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